praxis y territorio

¿Informática, terrorismo y territorio?

El pasado 26 de agosto, el gobierno de Estados Unidos agregó a su lista de grupos “terroristas” al colectivo italiano Autistici/Inventati (A/I). Según una Orden Ejecutiva delirante, se le acusa a este colectivo anarquista de dar servicios e infraestructura web a organizaciones violentas de “extrema izquierda”. La declaratoria dice que el ofrecer servicios de blog, mail y sitios web a algunas organizaciones puntuales sería causa suficiente para sindicar a este colectivo como una “organización terrorista global”.

Interesante.

Es interesante porque se releva la lucha por la posición dominante de las empresas tecnológicas en el control de las informaciones, servicios e infraestructuras para servicios digitales e informáticos. ¿O usted cree que los terroristas no usan Whatsapp? ¿Que no compran en Amazon? ¿Que los que perpetran ataques armados en escuelas no tienen cuentas de X o Instagram? Pues sepa que los narcos usan hasta Tik Tok para reclutar a menores.

En esos casos, no pasa nada.

Visto así, la decisión de Estados Unidos tiene sentido. Tiene sentido considerar como terroristas a organizaciones que suministran servicios informáticos por fuera del mercado. Es decir, hay un sentido económico. ¿Por qué? Porque si no sería absurdo: la misma Orden Ejecutiva señala que hay 16.000 servicios de correo electrónico, 1.500 sitios web y más de 10.000 blogs. ¿Acaso hay 10.000 agrupaciones terroristas contando anécdotas de sus fechorías en sus diarios de vida digitales?

Claramente no.

Actualmente son las grandes corporaciones tecnológicas las que rigen el destino del capitalismo, qué duda cabe. La cuestión es que se trata de un gran ecosistema de empresas, pero hegemonizadas por un oligopolio bastante conocido y reducido. Cada vez son menos empresas las que tienen más poder sobre nosotrxs y los Estados nacionales.

Pero, ¿qué tiene que ver el territorio en esto, como pregunto en el título? Pues mucho. Sólo por centrarnos en la materialidad de las infraestructuras, podemos señalar dos o tres puntos que nos sirven como base para una reflexión “territorial”.

1) ¿Ha visto esos mapas de cables submarinos? ¿Ha notado la -no- preocupación por la cantidad de satélites de empresas privadas y la nueva carrera espacial? Ambas situaciones tratan de la materialidad que permite la transmisión de informaciones. Es una verdadera geopolítica, como bien supimos hace unos meses en Chile, cuando se desató una "polémica" por un cable submarino “chino”. Y es que hay una tremenda disputa por la hegemonía de las infraestructuras que dan soporte a todos los servicios. ¿Por qué? Porque ahí está el verdadero control.

2) Hoy en día, el almacenamiento de datos y su procesamiento se transformaron en la piedra de tope para la ampliación de los nuevos servicios de LLMs (large language models) usados para la inteligencia artificial. Aquí hablamos de amplias naves industriales en las que se instalan los hardwares que permiten la realización de esas acciones informáticas.

Esas infraestructuras, como los famosos centros de datos, precisan de hardwares elaborados con grandes cantidades de minerales y se impulsan a partir del uso de mucha energía y agua. Por un lado, demandan tanto hardware que el precio de las memorias, las placas, las tarjetas gráficas y los discos duros se dispararon, aumentando el costo de computadores personales y celulares. Por otro lado, estas empresas necesitan instalarse en todo el mundo, pero especialmente en lugares donde les sea barato el acceso y uso de energía y agua. Mientras los gobiernos, sin tapujos, hacen todo tipo de brujerías fiscales para que entren al país sin pagar un peso, con alfombra roja y todo.

3) Un último asunto puede parecer más “inmaterial”, pero tiene aspectos concretos bien claros. Los puntos de decisión de estas empresas no se localizan necesariamente en aquellos lugares donde se están expandiendo estas infraestructuras. Tampoco reinvierten sus ganancias en los países donde consumen agua, energía y, encima, dan poco trabajo. Las grandes empresas tecnológicas reúnen sus capitales en unos pocos países desarrollados y en guaridas fiscales. Este asunto no es menor porque empresas infames como Palantir han hecho de la captura y transformación del Estado su bandera política.

La cuestión territorial, entonces, es importante.

Aunque sean movimientos muy pequeños en términos relativos, existen resistencias y alternativas a los modelos económicos capitalistas. Estos movimientos usan el territorio de una forma distinta, porque proponen una internet e informática distintas. Hay esfuerzos por desarrollar software libre, código abierto, internet descentralizado y servicios informáticos que nos entreguen mayor libertad, privacidad y seguridad frente al oligopolio.

Una de las características principales es que se tratan de diseños y tecnologías descentralizadas, en donde más lugares se pueden autónomamente hacer parte de los servicios e infraestructuras. Se trata de incluir a más actores y de alejarse de las dinámicas abrasivas de las grandes tecnológicas. En ese sentido, colectivos como A/I tienen un uso distinto de las infraestructuras y de los servicios informáticos que, como vemos, atentan contra la lógica del capital.

Por el contrario, las grandes empresas son fuertemente centralizadas y necesitan, por razones técnicas y financieras, ser las únicas del mercado. Sin su posición dominante no podrían tener todo el poder, ni todas las “ventajas” tecnológicas que tienen. Por eso mismo, incluso presidentes subordinados al poder económico, como Javier Milei, han señalado que los monopolios son buenos. El colmo de cualquier teoría: nos quieren vender el monopolio como cool.

Estados Unidos, que comete impunemente crímenes de guerra y ejerce el terrorismo estatal contra quien se le ponga en frente, abrió otro flanco para su ejercicio totalitario: eliminar las alternativas a la internet monopólica. La inclusión de I/A en su lista negra, es prueba de ello.

Ignacio