Ya son semanas de intensas lluvias. Los saldos son terribles: por lo menos trece muertos asociados directamente al evento, decenas de miles de casas afectadas y las capacidades de la infraestructura pública exigidas al máximo. Como es habitual, las inundaciones visibilizan las mezquindades de un país tan desigual y poco preparado como el nuestro.
En el intertanto, el gobierno aparenta sobriedad (aunque sus funcionarios salgan con doping positivo) y dice estar preocupado por la emergencia. Se disfrazan de militares y simulan grandes despliegues en terreno. Pero en realidad, se trata de un gobierno que es igual de fundamentalista que cualquier otro gobierno de la derecha contemporánea y, como son cortados por la misma tijera, actúa en consecuencia.
Esa actuación se basa en la instrumentalización de cualquier escenario de inestabilidad social. Y si no lo existe, se encargan de crearlo. Es desde ese lugar que sacan provecho del evento del Niño para hacer lo que mejor saben hacer: “inundar la zona” con todo tipo de anuncios y medidas, y así correr el cerco de lo posible, llevar el agua para su molino. El resto, enfrentamos la emergencia climática.
Aunque bastante triste para estos días, esa metáfora nos sirve para entender que, mientras estamos con el agua hasta el cuello, aprobaron una contrarreforma tributaria que beneficia al gran empresariado y a los sectores más ricos de Chile. No les bastó con eso, y de paso apretaron el acelerador para proponer que las mujeres que quieran abortar tengan que escuchar “los latidos del corazón” antes del procedimiento médico. Obviamente, un proyecto de ley anunciado por un hombre, con apellido típico de Las Condes.
Todo esto sirve para tensionar hacia su sector la discusión pública. El fondo de la reforma no se discute (la invariabilidad tributaria), sino el mecanismo compensador para los municipios; el proyecto que desborda misoginia sería exagerado, pero puede "mejorarse”. En suma, de eso se trata; tirar el tejo pasado y si pasa, pasa.
Como las lluvias no se han detenido, seguir inundando la zona es más sencillo. Así que nada mejor que tirar la bomba de una buena vez: privatizar Codelco. En el fondo, es lo que siempre han querido. Transformar la columna vertebral de la economía chilena en un pozo a rifar entre los grandes capitales transnacionales. Por supuesto, realizan un simulacro con supuestas distintas posiciones en la derecha, aunque en el fondo todas apuntan a lo mismo: desgranar al Estado de a poco o de a tirones.
¿Vamos a seguir pensando que en realidad no harán todo lo que dicen? ¿Vamos a esperar a que se desguace el Estado y lo público? ¿No vamos a defender los bienes comunes? El gobierno y su sector lo tienen clarito, a eso vinieron. Ellos no tienen miedo de librar su batalla con todo. Entonces, ¿qué haremos de este lado?
Ignacio